Algunos milenios atrás, el planeta era gobernado por dos grandes fuerzas: el bien, dirigido por Niu-Ku y Amemait, dos dioses muy apreciados; y el mal, dominado por nueve poderosos demonios.
Cada demonio tenía un poder y significado específicos. El primero era Asmadrerus, también conocido como “el demonio de la sensualidad y la Lujuria”, éste era el menos poderoso; el segundo era Astrarth, célebremente conocido como “el Duque”, él era un demonio poderoso con la capacidad de seducir a sus víctimas, si eran capturados por él los dejaba en un eterno sueño y absorbía sus años de vida; enseguida estaba Azaxel, quien anteriormente había sido el líder de los ángeles caídos en guerra contra Amemait y Niu-Ku, también llamado el “demonio de la destrucción”, era uno de los más poderosos; después estaba Baarman, uno de los demonios que poseía mayor maldad, apodado “el demonio de la codicia”, se caracterizaba por su avaricia; el siguiente era Belmonth, el demonio más astuto, conocido como “el demonio del engaño” tenía la habilidad de transformarse en lo que deseara; seguía Belzabruth, nada menos que el segundo demonio más poderoso de todos, nombrado también como “el Señor de las Fobias”; Belfregon, por su parte, era conocido como “el Rey de las cavernas”, él tenía poder de dominar la mente de las personas, llevándolos al camino del mal; Lamatruza, era la madre de los monstros, una deidad terrible nacida en las profundidades de la locura de “Apollyps”, responsable de las pesadillas que tenían las mujeres, ostentaba el poder de inducir a cualquier persona a una enfermedad tan profunda como la locura y por último el gran “Apollyps”, el más poderoso de todos los demonios, el más despiadado y diabólico que se haya concebido, encargado de dominar la parte malvada del planeta, capaz de volver la vida de cualquier persona o dios en un completo infierno. ¡Sus poderes eran simplemente indescriptibles!
Debido a que Niu-Ku y Amemait eran inmortales habían heredado a los humanos el poder de la “vida eterna”, por lo que éstos consideraban que nadie podría vencer a sus dioses. Y aun cuando sabían que los demonios poseían gran poder, creían que era imposible que éstos los pudieran dominar, sin embargo, la realidad se conocería muy pronto.
Los demonios estaban muy enojados con Niu-Ku y Amemait, pues consideraban que era una tontería haberles dado ese privilegio a los humanos. Apollyps, particularmente, se mostraba muy desesperado, puesto que su intención era dominar el mundo y mientras la raza humana gozara de vida eterna ni él, ni los otros demonios podrían hacerles ningún daño, así que Apollyps decidió empezar a trabajar en un plan para arrancarles de una vez por todas el poder que les habían dado Niu-Ku y Amemait.
El plan de Apollyps consistía en derrotar a Niu-Ku y Amemait, pero sabía que él no podía lograrlo solo, por lo que decidió invocar a los otros ocho poderosos demonios. Les ofreció todo lo que se le ocurrió: riquezas, inmortalidad, belleza y todo lo que quisieran. Ellos sin pensarlo, aceptaron.
No pasaron muchos días cuando los nueve demonios atacaron a los pueblos de Niu-Ku y Amemait, pero los dioses actuaron de inmediato en defensa de los habitantes y sus hogares. Apollyps se dio cuenta que este plan no sería efectivo, así que terminaron retirándose. Tenía que idear un mejor plan.
Por esta ocasión, todos los pueblos estaban salvados gracias a sus dioses, pero las cosas no serían así por mucho tiempo.
Entretanto, los nueve demonios estaban decepcionados consigo mismos por su mal desempeño, por lo que empezaron a discutir unos con otros, pero Apollyps los calmó. Dijo que ya tenía otro plan, que necesitaba un poco más de tiempo para lograrlo, pero que requeriría su apoyo para conseguirlo. Les explicó a los demonios que para llevar a cabo su plan tendrían que realizar un hechizo prohibido.
El hechizo consistía en que cada uno le diera la mitad de su vida para que Apollyps creara el clon de una persona común y corriente. Éste podría ir a los templos de cada pueblo a robar información y nadie sospecharía, pues aparentaría ser uno de ellos.
Todos accedieron y llevaron a cabo el hechizo dando “vida” así, a un nuevo ser al que instruyeron para que realizara la labor antes mencionada. Y una vez que estuvo listo salió en busca de la información a los pueblos gobernados por Niu-Ku y Amemait.
Un día al entrar a uno de los templos percibió un gran poder, era la primera vez que entraba en un templo, así que no sabía qué era lo que emanaba ese poder, hasta que se encontró con un corazón muy especial. Preguntó al respecto y le dijeron que en cada uno de los diez pueblos gobernados por los dioses había un corazón, al unir los diez corazones se formaba un rompecabezas en el que se explicaba, entre otros secretos, cómo deshacer cualquier tipo de hechizo. ¡Al fin había encontrado la gran debilidad de los dioses!
Una vez que obtuvo la información, el clon de Apollyps regresó al otro lado del planeta y les contó todo a los demonios. Rápidamente, éstos se dispusieron a preparar un brillante plan para derrotar a los dioses, empezando por concentrarse en juntar toda su fuerza.
Por su parte Niu-Ku y Amemait escucharon rumores del clon de Apollyps, por lo que de inmediato tuvieron que preparar un plan de defensa de una posible guerra, para proteger el mayor número de habitantes.
Belmonth, Belfregon, Lamatruza y Asmadrerus crearon una distracción lanzando maldiciones y hechizos a la mayor cantidad de gente posible, mientras los otros demonios aprovechaban para ir a los templos a robar los corazones. Los dioses se concentraron en defender a los habitantes de los pueblos creyendo que eso era lo más importante, sin saber que sus templos estaban siendo saqueados y que la intención de Apollyps y los demás demonios iba mucho más lejos que un simple ataque a los humanos.
Apollyps y los demonios triunfaron en su plan, consiguieron los ansiados corazones y una vez que estuvieron juntos armaron el rompecabezas hasta descifrar su significado.
Ahora tenían que llegar al “Templo Esqueleto”, el lugar más sagrado de todo el mundo, para destruirlo y deshacer el hechizo de inmortalidad de todos los humanos para poder matarlos y apoderarse de sus almas y crear un nuevo planeta.
Apollyps tenía una gran fuerza, capaz de destruir al menos tres pueblos juntos. Cuando llegó al pueblo donde estaba el templo sagrado, Apollyps empezó a juntar todo su poder y concentración para lograr la gran explosión. Justo en ese momento llegó Allubayan, el guardián del templo, el genio más poderoso de todos y le preguntó qué era lo que tramaba y Apollyps le respondió, “no existe vida sin muerte, este lugar ya es un completo infierno sin la ayuda de nosotros. Antes de que los dos grandes dioses aparecieran, aproximadamente hace tres mil años, la gente moría, ahora nadie muere y nosotros los demonios dejamos de servir en este planeta, por eso queremos volverlo a la normalidad. Voy a destruir este templo junto con los demás pueblos y ¡nadie me lo va a impedir!”. Allubayan le respondió, “no voy a dejar que destruyas nada, mucho menos este sagrado lugar. Gracias a este templo hemos vivido con paz por mucho tiempo, nadie sabría qué sería de los dioses si llegara a explotar este lugar, así que ¡no lo permitiré!”. Allubayan es interrumpido por Apollyps diciéndole, “¡demasiado tarde, he juntado la energía suficiente como para desaparecer este lugar!”. Allubayan actuó de inmediato, pero no logró sobrevivir.
Niu-Ku y Amemait al darse cuenta de la gran explosión fueron de prisa al lugar, al llegar sólo encontraron el cuerpo de Allubayan hecho pedazos. Eso hizo enojar demasiado a los dioses y se trasladaron rápidamente al otro lado del planeta.
Al llegar se encontraron con los demás demonios y sin decir nada los dioses empezaron a pelear con los demonios en una legendaria batalla.
La batalla duró demasiado, lo suficiente para que Apollyps recuperara la fuerza perdida en la explosión. Al llegar Apollyps detuvo la pelea y les dijo, “¡basta con todo esto!, necesito que se detenga porque necesitarán energía para el siguiente plan, así que necesito que ustedes se encarguen de destruir los corazones, mientras yo distraeré a los dioses”.
Los demonios intentaron de todo contra los corazones, pero eran indestructibles, los únicos que podían destruirlos eran Niu-Ku y Amemait, así que Apollyps le ordenó a Asmadrerus y Belmonth que se tragaran los corazones y luchara contra los dioses. Sin saber lo que habían hecho empezaron a matar a los demonios. Finalmente, destruyeron a cuatro demonios incluyendo a los que se comieron los corazones, felices por lo que habían conseguido decidieron utilizar un último poder para destruir a los otros demonios faltantes, pero empezaron a experimentar algo diferente en ellos, comenzaron a sentirse mal y se dieron cuenta que habían sido derrotados.
En el momento en que los demonios murieron, las maldiciones y hechizos que habían lanzado sobre los humanos empezaron a revertirse, al mismo tiempo que algunos humanos morían.
Apollyps exhausto con lo ocurrido dijo, “por fin volverá todo a la normalidad, todos debemos vivir para luego morir. Gracias a esto la muerte volverá a estar junto con la vida. Siempre han estado enamoradas una de la otra, por eso la vida siempre le daba regalos a la muerte y la muerte los conservaba para siempre”.
Al final, los demonios estaban demasiado cansados y decidieron tomar un largo descanso, y así dejar en libertad a los humanos por un largo tiempo.

