Haro
la aluxe en Craco
Haro
la aluxe, era unespíritu el cual se dedicaba a
cuidar el cultivo; Haro era convocada cada siete años por los campesinos,
porque durante esos siete años ayudaba a crecer el maíz, llamar a la lluvia y
vigilar los campos en la noche.
Haro amaba vivir allí,
pues la respetaban, pero algunas veces hacía alguna maldad para distraerse de
sus labores.
Al pasar el
latifundio a manos de Arnaldo di Tricario, empezó a construir en el cultivo
haciendo enojar a Haro, quien ya no quería salir. Mientras Arnaldo empezó a
escuchar que había un aluxe en la ciudad, se imaginaba que era igual a un
duende de los que daban monedas de oro.
Mandó a llamar al
aluxe para que se presentará en el castillo Grossi, pero nunca se presentó. Mandó
a sus soldados a atraparla, pero no pudieron; enojado, Arnaldo mandó a quemar
la cosecha en la que se encontraba Haro. La cosecha se fue quemando y Haro no
salía del sembradío por las llamaradas a causa del fuego provocado.
Los campesinos querían ayudar a apagarlo, pero los soldados no los dejaron;
Haro salió de ahí con sus últimas fuerzas y emprendió el viaje al castillo
donde se dirigió a la habitación de Arnaldo y le dijo:
- ¡Tanto me odiabas que por castigo
tus hombres se amontonarán al ver que en tus manos yacen mis restos y todos se
asfixiarán, incluyéndote a ti, vil animal, que quemaste tus cosechas sólo por
tener en tus manos a una aluxe, la última de por acá! Tu ciudad caerá en
desgracia, gracias a tus actos, canalla. Quien se atreva a regresar a esta
ciudad, saldrá desgraciado por los actos que causó Arnaldo di Tricario, el
hombre que atrapó al Aluxe!
Arnaldo al fin tenía
a un aluxe en sus manos, pero… había fallecido con sus últimas palabras sobre
las manos de tan nefasta creatura. No sabía si sus palabras se hicieran
realidad.
A los cinco días después de la desaparición de Haro, la
mitad de la población había abandonado la ciudad, por que sabían que era el fin
para sus cosechas.
En el sembradío entre las cenizas del cultivo,vistosas y pequeñas flores blancas surgenbajo
el febril yugo de la sombra del temible Árbol del Ahorcadocon un fuerte olor acre, en gran número, en bellas
terminales; los ciudadanos al no saber nada de Haro, llaman a la flor en
distintas maneras:
Los ancianos la llamaron: Sollozo ahogado─ por
la pérdida de ancestrales sembradíos─; los campesinos: Ajo blanco─ por su nítido aroma a ajo─; y, porlos pequeños: Quema─
por la pérdida de todo.
Pero al salir los rayos del sol, al día treinta, los
soldados se amontonaron en el palacio de Arnaldo pidiendo sus riquezas, pues
ellos no sabían que la aluxe yacía muerta; acorralaron al señor en su cuarto,
mientras escondía al fétido cadaver de Harola aluxe y, en cuanto entraron los
soldados, miraron frívolamente a lo que contenían sus manos; un soldado, que
antes había sido campesino, se dío cuenta que Haroestaba en sus manos y llamó a
todos los soldados para admirar la aluxe: ¡Haro ya muerta estaba…! Ahora era
inminente la condena que había espetado Haro, cumpliendo la vicisitud de la que
había hablado aunque agregando una condena más, pero menos mítica. Primero, por
tanta presión, causó que muchos de los hombres se asfixiaran incluyendo a Arnaldo, mientras
que los demás soldados no se percataron del incendio que dentro del castillo se
propiciaba por culpa de los últimos campesinos que ahora huían del trágico
poblado, quedando todos calcinados con sus caras enegrecidas por el tizne, al
mismo tiempo que se oían terribles sollosos hasta el pomo del Árbol del Ahorcado
Desde entonces el lugar agoniza lentamente bajo el sol
de agosto y el frío del invierno, esperando más catastrofes para que acabe de
colapsar Craco, la ciudad abandonada.