viernes, 11 de marzo de 2016

Haro la aluxe en Craco

Haro la aluxe en Craco

Haro la aluxe, era unespíritu el cual se dedicaba a cuidar el cultivo; Haro era convocada cada siete años por los campesinos, porque durante esos siete años ayudaba a crecer el maíz, llamar a la lluvia y vigilar los campos en la noche.
Haro amaba vivir allí, pues la respetaban, pero algunas veces hacía alguna maldad para distraerse de sus labores.
Al pasar el latifundio a manos de Arnaldo di Tricario, empezó a construir en el cultivo haciendo enojar a Haro, quien ya no quería salir. Mientras Arnaldo empezó a escuchar que había un aluxe en la ciudad, se imaginaba que era igual a un duende de los que daban monedas de oro.
Mandó a llamar al aluxe para que se presentará en el castillo Grossi, pero nunca se presentó. Mandó a sus soldados a atraparla, pero no pudieron; enojado, Arnaldo mandó a quemar la cosecha en la que se encontraba Haro. La cosecha se fue quemando y Haro no salía del sembradío por las llamaradas a causa del fuego provocado. Los campesinos querían ayudar a apagarlo, pero los soldados no los dejaron; Haro salió de ahí con sus últimas fuerzas y emprendió el viaje al castillo donde se dirigió a la habitación de Arnaldo y le dijo:


-      ¡Tanto me odiabas que por castigo tus hombres se amontonarán al ver que en tus manos yacen mis restos y todos se asfixiarán, incluyéndote a ti, vil animal, que quemaste tus cosechas sólo por tener en tus manos a una aluxe, la última de por acá! Tu ciudad caerá en desgracia, gracias a tus actos, canalla. Quien se atreva a regresar a esta ciudad, saldrá desgraciado por los actos que causó Arnaldo di Tricario, el hombre que atrapó al  Aluxe!
Arnaldo al fin tenía a un aluxe en sus manos, pero… había fallecido con sus últimas palabras sobre las manos de tan nefasta creatura. No sabía si sus palabras se hicieran realidad.
A los cinco días después de la desaparición de Haro, la mitad de la población había abandonado la ciudad, por que sabían que era el fin para sus cosechas.
En el sembradío entre las cenizas del cultivo,vistosas y pequeñas flores blancas surgenbajo el febril yugo de la sombra del temible Árbol del Ahorcadocon un fuerte olor acre, en gran número, en bellas terminales; los ciudadanos al no saber nada de Haro, llaman a la flor en distintas maneras:

Los ancianos la llamaron: Sollozo ahogado─ por la pérdida de ancestrales sembradíos─; los campesinos: Ajo blanco─ por su nítido aroma a ajo─; y, porlos pequeños: Quema─ por la pérdida de todo.

Pero al salir los rayos del sol, al día treinta, los soldados se amontonaron en el palacio de Arnaldo pidiendo sus riquezas, pues ellos no sabían que la aluxe yacía muerta; acorralaron al señor en su cuarto, mientras escondía al fétido cadaver de Harola aluxe y, en cuanto entraron los soldados, miraron frívolamente a lo que contenían sus manos; un soldado, que antes había sido campesino, se dío cuenta que Haroestaba en sus manos y llamó a todos los soldados para admirar la aluxe: ¡Haro ya muerta estaba…! Ahora era inminente la condena que había espetado Haro, cumpliendo la vicisitud de la que había hablado aunque agregando una condena más, pero menos mítica. Primero, por tanta presión, causó que muchos de los hombres se asfixiaran incluyendo a Arnaldo, mientras que los demás soldados no se percataron del incendio que dentro del castillo se propiciaba por culpa de los últimos campesinos que ahora huían del trágico poblado, quedando todos calcinados con sus caras enegrecidas por el tizne, al mismo tiempo que se oían terribles sollosos hasta el pomo del Árbol del Ahorcado

Desde entonces el lugar agoniza lentamente bajo el sol de agosto y el frío del invierno, esperando más catastrofes para que acabe de colapsar Craco, la ciudad abandonada.

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