Hace miles de años se reunieron los dioses en Teotihuacán para
ver quién alumbraría el mundo de la oscuridad.
Un dios rico y guapo, llamado Tecuciztécatl se ofreció a
alumbrar al mundo, pero quería un ayudante, así que selecciono a un dios pobre,
feo y torpe llamado Nanahuatzin.
Ambos se fueron a la pirámide junto con los demás dioses de Teotihuacán a hacer
penitencia; luego de una semana larga; el dios rico y guapo, ofreció unas
plumas valiosas de ave llamada Quetzal, unas
pelotas de oro, piedras preciosas e incienso de copal.
El dios pobre ofreció cañas verdes, bolas de heno, espinas
de maguey cubiertas con su sangre y en lugar de copal, ofrecía las costillas de
sus bubas, enseguida los dioses prendieron un fuego muy grande, en el que Tecuciztécatl
y Nanahuatzin se tenían que aventar para que naciera el Sol
y la Luna.
Después los demás dioses esperaban para ver de dónde
saldría Tecuciztécatl hecho
Sol y Nanahuatzin hecho Luna.
Los dos salieron del oriente y brillaban mucho. Mágicamente
bajo un conejo del espacio. El conejo al bajar tropezó y cayó encima de Nanahuatzin,
de esa forma hizo que dejara de brillar tanto.
Aquí
pueden ver el mito narrado por nosotras:
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